El Coach realiza sus funciones de acompañante habitualmente a lo largo de aproximadamente unas 6 u 8 sesiones individuales, aunque no tiene porqué ser la única fórmula. Además de estar junto a su cliente para trabajar sobre el objetivo fijado, creo que uno de los retos más significativos del Coach es trabajar el hábito de hacerse buenas preguntas con el fin de dar continuidad a un ejercicio importantísimo como es el de tomar consciencia.
 
Hoy precisamente revisando mi cuaderno de anotaciones he podido comprobar que en el día 05 de octubre (tengo la manía de fechar el momento en el que anoto) arrojé un buen puñado de preguntas al papel. Son esas preguntas de las que encajan perfectamente en tu día a día. De las que te dan la opción de reflexionar, tomar consciencia y con ello trabajar tus decisiones al tiempo que te empoderas para ser algo más coherente contigo y con tus valores.
 
¿Qué es lo más importante que tienes que hacer hoy?
 
Si te fijas bien, poner foco sobre lo realmente importante es esencial porque bloquea la distracción que trae consigo el ritmo del pollo sin cabeza con el que nos manejamos en nuestro día a día al tiempo que que sitúa en primer lugar lo que se merece estar en ese puesto. Permite aparcar la manguera usada para apagar el fuego de lo urgente y se elige lo verdaderamente importante.
 
¿Qué te gustaría hacer hoy?
 
Esta pregunta sirve para tomar consciencia de lo que te pide el cuerpo y, si por lo que sea no puedes llevarlo a cabo en ese momento, saber que quieres hacerlo pero que todavía no está entre tus prioridades por la razón que seas capaz de descubrir mediante tu meditación acerca de ese asunto. Solo puedes modificar aquello de lo que eres consciente.
 
Por eso las distracciones, los inconvenientes, así como las personas que tienes alrededor tienden a desaparecer cuando te obligas a recordar las cosas importantes. Gracias a ese enfoque cargado de concentración que salta cuando te das tu espacio temporal, ejercitas la consciencia de la que nace el impacto directo que necesitas en tu día a día.
 
Si algo irrita pero no importa, lo ignoras. Esto es lo que ocurre cuando no te das ese momento de pensar sobre ello de forma estratégica, que envías el asunto a la carpeta de la papelera para olvidar ese archivo como si nunca hubiera existido. En lugar de arrojar luz sobre ello para dilucidar la mejor salida pasas y punto, pero eso no quiere decir que desaparezca porque sigue en el ordenador de tu vida y, tarde o temprano, tendrás que solucionarlo.
 
Las preguntas si son a diario, mejor que mejor. Así que además de las dos que te he presentado anteriormente te dejo algunas otras que tengo en mi cuaderno y que conforman ese maravilloso puñado de “despertadores integrales”. Eleva tu capacidad de darte cuenta con ellas:
 
¿Qué te está molestando realmente?
¿Está justificado sentirse así?
¿Puedes confrontar a dicha persona o cosa directamente?
¿Existe una forma directa de manejar el problema?
¿Te importará tanto en cinco días? ¿Y en cinco semanas? ¿Y en cinco años?